LA LLEGADA A BERLÍN Y SU DISTRIBUCIÓN A LAS FÁBRICAS
El convoy partió de METZ con dirección a Berlín aunque tardó un día más pues fue realizando paradas en diferentes ciudades para dejar contingentes de trabajadores destinados a las fábricas. Así, le primera ciudad en la que bajó buen número de mineros procedentes de Huelva y más concretamente de la minas de Río Tinto, fue la ciudad de Ludwigshafen en Renania, con importantes yacimientos mineros. Allí bajaron unos treinta mineros procedentes de varios pueblos de Huelva.
En el itinerario por Alemania y cerca de la ciudad de Ludwigshafen, se halla Tréveris (o Trier en alemán) en el valle del río la Mosela, la la ciudad donde nació Karl Marx, y en cuya casa natal se alberga un museo dedicado al padre del marxismo.
Ya en Berlín, los hermanos Linares se proponían seguir viaje a Brandenburg situado al noreste en una especie de distrito connurbano de la propia capital, donde se hallaban localizadas gran número de las fábricas y donde estaba el destino de Mitteldeutsche Estall, propiedad de Fredrich Flick y elemento esencial para la marcha de la guerra. Sebastián fue contratado como mecánico especialista y Josefa como Ayudante Electricista. Sin embargo, a última hora, Josefa firmó otro contrato con otra industría también pero ahora como "tornera". Esta fábrica estaba situada en la misma ciudad de Berlín. Si bien para entonces, Josefa declara ya otro domicilio en Madrid.
Ambos hermanos se separaron pues aunque no estaban muy alejados el uno del otro. Sebastián había sido contratado como mecácnico, y mientras Josefa se bajaba en el mismo Berlín, su hermano continuó hacia Brandenburg.
La fábrica de la Mitteldeutsch Stallindustrie, una de las más grandes acerías del país en plena producción de material de guerra, bajo la eficaz planificación del Ministro Speer.
Los hornos de la fábrica en plena producción. Mitteldeutsche fabricaba y ensamblaba tanto piezas de artillería como acorazados y vehículos.
Una de las plantas de las fábricas de guerra donde los torneros realizaban las tareas propias creando las piezas de precisión de tanques y artillería y al que fue destinado Sebastián.
La misma fábrica donde trabajaba el hermano de Josefa toalmente bombardeada en la ofensiva sobre Berlín iniciada en abril de 1945. El 70 % de los edificios y fábricas de Brandenburg quedó destruido.
Sebastián no obstante logró huir varios meses antes y volver sano y salvo cogiendo el penúltimo avión del aeropuerto de Tempelhof. No así su hermana, que quedó atrapada en Berlín sin opciones de viajar en avión pues la primera infraestuctura inutilizada fue el propio aeropuerto. Berlín se convirtió pronto en una infierno con bombardeos de los aliados (los americanos y los británicos se turnaban por el día y por la noche) por un lado, y los ataques con artillería de los rusos por el otro.
La fábrica donde estuvo destinado Sebastián al finalizar la guerra en mayo de 1945 tal y como quedó arrasada y reducida a escombros. Más de 80.000 trabajadores fueron evacuados unas horas antes.
Igual o peor suerte corrió el centro de la ciudad devastada por los bombardeos. En los últimos días del régimen antes del derrumbe y del suicido de Hitler, grupos fanatizados de soldados combatían en los túneles y sótanos de la ciudad contra las tropas rusas, las primeras en entrar en Berlín y a los que los pocos que quedaban temían por su venganza. Luego llegaron los americanos y britñanicos. Entre esos grupos que luchaban cuerpo a cuerpo en el centro de la ciudad, estaban varios españoles. Eran los conocidos como la Unidad Ezquerra, quienes, diezmadas ya, lograron salvar el pellejo saliendo al encuentro de los aliados y entregándose a ellos en lugar de a los rusos.
LA ENLOQUECIDA HUIDA HACIA EL SUR
Josefa no tenía idea de dónde se encontraba su hermano, si ben, inopinadamente, apareció luego en un listado figurando como personal de la propia CIPETA, lo que le daba un estatus de cuasi salvoconducto pues, el jefe de la delegación lo tenía como de personal diplomático. Desconocemos cómo apareció en ese listado, pero, sea como sea, no solo le proporcionó alguna ventaja sino la información sobre la situación de su hermano. Ella, se sabe que había gozado de vacaciones en el mes de junio de 1944, y que había vuelto para cumplir su contrato renovado hasta junio de 1945 que sin embargo no pudo cumplir completo.
Registro de la salida de Josefa por la frontera de Irún, donde quedó reflejada su vuelta a Alemania tras disfrutar del permiso. Josefa había renovado su contrato por un año más y se disponía a cumplirlo. Las condiciones generales de estos contratos eran muy ventajosas para los que podía obtener en España personal no cualificado. Cobraban en marcos alemanes que al cambio representaba que 10 marcos eran 44 pesetas. El 50 % de sus ingresos tenían que destinarlo a remesas mensuales al beneficiario de sus familiares que eligieran. Josefa eligió a su madre, a la que le ingresó religiosamente el 50 % de su salario. Sin bien, las transferencias que hacían en marcos, eran luego cambiados a pesetas para el abono a los beneficiarios, lo que le permitía al Estado obtener y quedarse con las divisas de las remesas enviadas. También tenían derecho a vacaciones de un mes pagadas por la empresa alemana incluidos los gastos hasta la frontera española. Y el seguro de salud los cubría también en España, si bien eran objeto de retenciones y cotizaciones lógicamente.
La entrada en Suiza desde Austría lo fue para instalarse en un campo de refugiados primero en la ciudad de St. Margarethen y luego Bühler, donde les habían preparado el improvisado campo. Allí esperaron varios días, mientras quedaban fijadas las condiciones del convoy con las autoridades francesas coordinando todo desde la Embajada española en Berna. Para cuando una delegación de francesa del Quai d´Orsay se trasladaba a la capital Suiza de Ginebra para dar la autorización del inicio del viaje en un tren especial contratado a la SNCF francesa, pero no para 150 personas sino para 500. El convoy quedaría bajo la protección de la Cruz Roja y con una escolta de 50 soldados franceses. Todo parecía ir bien y la coordinación entre el Ministerio de Asuntos Exteriores español, del que era titular Mejía de Lequerica y el homólogo francés parecía funcionar bien. Así como la propia embajada española en Berna, donde quedó fijado el itinerario y el día de la partida. El optimismo reinaba entre todos los refugiados, entre los que estaba, inquieta, Josefa. El regreso estaba cerca. Sin embargo...
PRÓXIMA ENTRADA
EL ASALTO AL TREN EN CHAMBERY











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