martes, 18 de agosto de 2026

UNA SANFERNANDINA EN EL INFIERNO NAZI: LA INSÓLITA AVENTURA DE UNA MUJER SINGULAR (I)

 




TRAS LOS PASOS DEL ASOMBROSO ITINERARIO DE JOSEFA LINARES EN PLENA GUERRA MUNDIAL
(I)

Se llamaba Josefa Linares Sánchez y había nacido en Bailén (Jaén) en el año 1911. Era la mayor de tres hermanos, uno varón casado y con hijos y otra mujer más pequeña que ambos. En los años cuarenta e inmediatamente después de la guerra civil española iniciada ya la segunda mundial, vivía con su madre viuda y su hermana en el número 3 de la Plaza de España de San Fernando.

El 2 de julio de 1943 embarcó, junto con su hermano, en un largo viaje por tren hasta el corazón mismo de la Alemania nazi en plena conflagración mundial con una expedición de más de 400 trabajadores reclutados por el régimen franquista encargada a la Falange Española y a los entonces sindicatos verticales. Todo era producto de uno de los acuerdos arrancados a Franco por Hítler en su famoso encuentro en Hendaya de octubre de 1940, fracasado el intento de que España se sumara a la guerra apoyando las potencias del conocido como "Eje". 

Los otros dos acuerdos arrancados también en ese encuentro por Hitler fueron el suministro de wolframio, un mineral muy abundante en el oeste de España y Portugal y muy necesario para el reforzamiento de los obuses y de las corazas de los tanques, y la autorización de un ejército de soldados voluntarios conocido luego como la Divisiòn Azul.

Lo que hace insólita la peripecia vital de Josefa cuando contaba con treinta y dos años de edad, soltera y al cuidado siempre de su madre  y de su hermana, es que decidió enrolarse y apuntarse en una dura actividad laboral industrial (se presentó como ayundante electricista) pensada exclusivamente para hombres y a desempeñar a más de dos mil kilómetros y en plena guerra mundial cada vez más cruenta y peligrosa. No iba sola en esa peripecia sino acompañada por su hermano Sebastián casado, con dos hijos y empleado en una empresa de mantenimiento de la vía del tren Madrid Barcelona. Viajaron en el mimso tren hasta Alemania y su destino de trabajo era la misma fábrica próxima a Berlín: la Mitteldeutsche Satll del célebre y controvertido empresario Fredrich Flick, procesado al final de la guerra en los juicios de Nüremberg como criminal de guerra por haber empleado en sus fábricas mano de obra esclava. Fue condenado a siete años de prisión de los que solo cumplió realmente dos.

Veamos pues la formidable aventura de una vecina entonces de San Fernando decidida por el impulso de la supervivencia o por la imperiosa necesidad de tratar de superar su situación atendiendo a su madre viuda y a su hermana menor también soltera como ella, pero muy especialmente por su aparatoso y peligroso regreso a España una vez que calapsó el régimen nazi en mayo de 1945.



ALEMANIA EN LLAMAS
(1943-1945)

Declarada la guerra en 1939, Alemania movilizó a lo mejor de sus hombres para formar su gigantesco ejército que en algunas fases de la guerra llegó a alcanzar los 18 millones de efectivos, para atender sus numerosos frentes así como para mantener la dominación sobre los países ocupados, y muy especialmente tras la invasión de la entonces URSS.

En esas condiciones, Alemania necesitaba obviamente ingentes cantidades de hombres que realizaran las más duras tareas de mano de obra en la retaguardia y, singularmente, en las fábricas de armas donde se producía todo tipo de armanento en una febril actividad perfectamente organizada por el ministro de Armamento y Producción de Guerra, Speer.

Sin embargo, la propia contingencia del desarrollo de la guerra especialmente con la antrada de los americanos, y el vasto emplazamiento de sus países conquistados requerían de un esfuerzo bélico de movilización de soldados a los que había que abastecer de armamento cada vez más sofisticado, pero cuyas fábricas a pleno rendimiento día y noche cada vez empleaban mayor cantidad hombres en pesados y peligrosos procesos de fabricación, pero con una población propia insuficiente para sus planes cada vez más intensamente explotados. 

Esta circuntancia es la que hizo que el gobierno del Führer se planteara la necesidad de formalizar con sus países aliados y no beligerantes como España, la imperiosa necesidad de cubrir esos déficits mediante los acuerdos para contratar, en el caso de España, unos 12.000 trabajadores (esta cifra era la manejada por los órganos oficiales del régimen, si bien apenas superaron los 8.000), y también para permitir importar grandes cantidades de wolframio así como el envío de una División de soldados voluntarios, en la línea con lo que habían hecho también otros países con Bélgica como la Legión Valona. 

También, poco tiempo después, se vieron necesitados de médicos, especialmente cirujanos, dada la cantidad de heridos evacuados de los frentes. España también proporcionó pues al régimen nazi unos 1.000 médicos entre ellos algunos especializados en cirugía, quedando el país sin médicos en muchas plazas.


Los trabajadores fueron reclutados por Falange Española y por el sindicato vertical, y si bien inicialmente se dirigieron a aquellas zonas con más paro, la recluta fue casi generalizada en todo el Estado y los ingresos permitieron muy pronto organizar los viajes de forma escalonada mediante trenes especiales de entre 400 a 500 trabajadores por cada viaje que se iniciaba en Madrid (aunque otros salieron también desde Barcelona) en la estación de Norte.


La primera de las expediciones salió el 24 de noviembre de 1941 desde la estación Norte de Madrid, y contó con una espectacular fanfarria de banderas nacionales y otras con la cruz gamada, saludos brazo en alto, cánticos y gritos de desfiles a los que acudió el mismísimo ministro de Tabajo entonces José Antonio Girón de Velasco

COMIENZA EL GRAN VIAJE 

Tanto Josefa como su hermano Sebastián habían intentado viajar en una expedición anterior en 1942, sin embargo, por razones desconocidas, fue suspendida, lo que no impidió que fueran llamados en una posterior designada como la "U" y con salida desde la estación Norte a las 17:30 horas del día 2 de julio de 1943. En esta ocasión no acudió el ministro ni hubo fanfarria alguna, solo los familiares de los expedicionarios acudieron a despedirlos con motivo de su marcha.

La primera estación de llegada prevista fue la de Hendaya, a la que llegaron hacia las nueve de la mañana tras pasar toda la noche en el tren, donde dieron cuenta también de unas viandas con vino que les facilitaron en Madrid. En la estación de Hendaya pasaron un reconocimiento médico por parte de las autoridades alemanas y se les entregó unos equipos de vestir suministrados por una empresa textil catalana, pero cuyos juegos en el almacén  solo eran para hombres.


Tal y como puede comprobarse, las prendas de vestir que se les facilitaba precisamente en Hendaya solo estaba previstas para hombres y además tenían que abonarlas mediante el diez por ciento de su salario cuando estuvieran en Alemania. Aquí debió pasar la primera dificultad Josefa, a menos que se conformara con hacer acopio de prendas masculinas incluido algún juego de calzoncillos largos.

Como se ha dicho, también pasaban un reconocimiento médico por parte de especialistas alemanes, aún cuando también lo habían sufrido en España antes de ser admitidos para el puesto. En la expedición de Josefa tuvieron que dejar la expedición porque no fueron autorizados a seguir un total de 47, casi todos por causa relacionados con la ausencia de permisos por parte del Ministerio de Ejército para cumplir con el servicio militar. Por su parte, otros 17 expedicionarios tuvieron que abandonar el viaje por causas sanitarias, algunos de los cuales fueron hospitalizados en San Sebastián incluso.

Josefa y su hermano continuaron el viaje hasta la ciudad de Orleans como primera parada ya en territorio francés ocupado por los alemanes, en un viaje que les supuso doce horas de tren. Llegaron a las 9:30 horas ya del día 7 de julio de 1943. En la propia estación tuvieron ocasión de realizar un almuerzo de media hora, saliendo luego para la ciudad de Troyes a la que llegaron hacia las cinco y media de la tarde donde se les proporcionó una ración de comida caliente.

En esta estación y tras el refrigerio, algunos productores (que era como se les denominadaba), concretamente tres operarios decidieron afeitarse hasta que se reinciara el viaje, colocando los espejos en uno de los tablones de la vía muerta pero dando la espalda a otros vagones de mercancías que estaban estacionados. De forma tal que una maniobra de una locomotora propició una leve embestida a esos vagones, unos cincuenta, lo que arrastró a los demás de forma que la cola del convoy de mercancías chocó con el tope quedando atrapado entre los vagones y el tope uno de los operarios que estaba afeitándose, mientras los otros dos consiguieron esquivar el convoy movilizado por el empujón involuntario de la locomotora. 

Este percance y la liberación del accidentado que tenía su muslo atrapado entre los topes del último vagón y el tope fijo del final del rail, supuso una media hora de retraso del reinicio de la expedición ya que, una vez liberado el productor con destrozo del tejido muscular, quedó hospitalizado en la ciudad y al cuidado de una monja española del propio centro sanitario.

A las diecinueve horas reiniciaba la marcha del convoy con destino a la ciudad fronteriza de Metz, a la que llegaron a las cinco de la madrugada del día ocho de julio de 1943.

LA LLEGADA A LA CIUDAD FRONTERIZA DE METZ Y EL MISTERIOSO TREN DE LA GESTAPO ESTACIONADO EN UN APARTADERO DE LA GIGANTESCA ESTACIÓN FERROVIARIA



La llegada de la expedición "U" tras seis días de viaje desde su salida del día 2 de Madrid en la que iban Josefa y su hermano Sebastián y tras 1.700 kilometros recorridos, llegaba  a la portentosa estación de Metz hacia las cinco de la madrugada y coincidió en la misma con un acontecimiento luctuoso de enorme trascendencia para Francia y para la propia guerra. Y ese evento trágico tuvo lugar en un misterioso y lujoso  tren negro rodeado de soldados alemanes que lo custodiaban, estacionado en un alejado apartadero de las vías principales de la estación de apenas tres unidades pero lleno de aparatosos distintivos nazis, lo que indicaba que el tren estaba ocupado por un contingente del alto mando de la Gestapo. La propia estación tenía reforzada la fuerza militar que la controlaba.

Si bien solo algunos de los expedicionarios españoles sonmolientos además lograron ver de lejos el misterioso e imponente tren, mientras desalojaban el suyo también varado en otra vía muerta, para ser trasladados en camiones a un céntrico y voluminoso edificio en otros tiempos colegio de los Jesuitas y, tras su expulsión por la ocupación alemana en 1940, ser convertido en una suerte de centro de internamiento para presos de guerra.



El Colegio de Saint Clement de Metz regido por los Jesuitas durante muchos años fue convertido por los alemanes en un centro de internamiento tras su expulsión, y al que fue llevadada la expedición española en la que iban Josefa y su hermano Sebastián cuyo viaje lo habían hecho sin separarse un momento.

Pero, aquí, en el Colegio, ambos fueron separados obligatoriamente porque tocaba la desinfección y el metódico procedimiento que los alemanes seguían en estos casos, eran claramente improcedente hacerlo mezclando hombres y mujeres. Los hombres fueron llevados a un entresótano del viejo seminario donde habia dispuestas unas doscientas duchas. Se les ordenaba con cortos vocablos en alemán que, si bien es posible que no entendieran, las actitudes enérgicas de los soldados las hacían bien entendible: "raus" y "schnell". Fuera o afuera y rápido comenzaron a ser las primeras palabras con que se familiarizaron por la fuerza y todos aprendieron muy pronto su determinante sentido, gritadas permanentemente por soldados y guardianes.

Las duchas comenzaron a funcionar por turnos y previamente cada uno de los hombres integrantes de la expedición, fue obligado a desnudarse íntegramente y dejar su ropa en un atillo junto a unos bancos y entrar rápidamente en las duchas totalmente frías por no decir casi heladas a pesar del mes de julio. Luego, inmediatamente después, unas rápidas pasadas con una especie de toallas cuarteleras y permanente atención a las instrucciones dadas por uno de los soldados de rango, apenas traducido por otro que chapurreaba el español cuando se le podía oir.

Y, de repente, cuando ya pensaban que todo había acabado, un grupo de fornidas teutonas con uniformes de batas blancas y botas de agua cargadas de un desinfectante conocido como zotal diluido en herradas o calderos, y sobre los que sobresalía una suerte de isopo o escobón de gran tamaño con terminaciones en trapos esponjados, eran hábilmente cargados del desinfectante y, previo grito ordenando levantar las manos, era esparcido de forma mecánica por las partes íntimas de cada hombre así como por las axilas, seguido de unos profundos escozores que no hubo nadie que no reaccionara con espasmos incontrolados cuando no gritos reprimidos de escozor incontenible, quedando impregnado todo de un fuerte olor a desinsectante típico tras ser rociados sin mucha delicadeza por las matronas alemanas de zotal. La desinfección de Josefa debió de ser en parecidas condiciones pero aparte, sin que se tengan noticias no obstante de la misma.

El reconocimiento médico seguido arrojó también de nuevo otros seis enfermos más que fueron devueltos a la representación de la delegación española y no reanudaron el viaje. Tan pronto como fueron atendidos los devolvieron de nuevo a los camiones y luego al tren donde les fueron suministradas comidas frías compuestas por salchichas, queso, mantequilla y pan. A la vuelta, el misterioso tren de la Gestapo seguí varado en el apartadero vigilado por soldados de uniformes negros. Sin embargo, al día siguiente a las seis y media de la mañana cuando de nuevo el tren empredió viaje ya dentro de Alemania y rumbo a Berlín, el convoy negro y abanderado de cruces gamadas ya no estaba y había abandonado la estación rumbo desconocido.


La imponente estructura de la estación central de Mezt se conserva hoy tal y como cuando fueron recibidas las expediciciones de trabajadores españoles ya que, a pesar de ser uno de los más importantes centros de comunicación y librarse una cruenta batalla final por la liberación de Mezt con los ejércitos aliados a finales de 1944, no sufrió daño alguno de consideración.


Metz es una ciudad frontera permanentemente disputada entre Alemania y Francia. De hecho, entre 1552 y 1553 fue sometida a un duro asedio por las tropas del duque de Alba con un imponente ejército de 50.000 hombres mandados por el propio Carlos V, con objeto de rescatar la ciudad del protestantismo adoptado por el rey Enrique II tras la ocupación de la ciudad y anexionarla en aquellas fechas y ratificar su estatus francés tras la paz de Westfalia.

Con ocasión de la guerra franco prusiana en  1871, la ciduad pasó a ser conquistada para Alemania, siendo poco tiempo después iniciada la construcción de la estación de estilo neorromántico alemán y considerada varias veces como la más bella de Europa. Tras la primera gran guerra en 1918 pasó a ser de nuevo ciudad francesa, para en 1940 volver de nuevo a Alemania y recuperada por Francia tras su liberación en 1944.

Está considerada la capital de la Lorena y es una ciudad fortificada y monumental bañada por el caudaloso río Mosela afluente del Rin. También es la ciudad natal del célebre poeta Paul Verlaine, célebre por su poesía y también por su tormentosa relación con su amante, el también poeta Arthur Rimbaud.

QUÉ SUCEDIÓ DENTRO DEL MISTERIOSO TREN DE LA GESTAPO APARTADO EN LA MISMA ESTACIÓN A LA QUE LLEGÓ LA EXPEDICIÓN ESPAÑOLA" U"

Conforme iba avanzando la guerra Alemania tenía cada vez más dificultades para controlar los países ocupados, especialmente en Francia, donde en nomviembre de 1942 decidió ocupar también la conocida como zona "libre" gobernada con soberanía tutela por el mariscal Pétain desde Vichy. Alertado Hitler por los desembarcos de los aliados en el norte de África, rápidamente puso en marcha la Operación Antón, tomando el control de forma rápida e inesperada incluso incumpliendo los tratados firmados, ocupando así la conocida como la Francia de Vichy. 

La toma del control de toda Francia por los alemanes no se circunscribió solamente a desplegar sus soldados en todo el territorio, sino también al intento de asalto de toda la flota francesa atracada en el puerto de Tolón mediante la conocida como Operación Lila. Movimiento militar que fue respondido por la marina francesa con el intencionado hundimiento de 75 buques de guerra incluidos varios submarinos, para evitar que cayeran en manos del ejército nazi. No obstante cinco submarinos lograron huir de Tolón y llegar al norte de África y uno de ellos al puerto de Barcelona.

EL SERVICIO DE TRABAJO OBLIGATORIO

A diferencia de España y otros países más o menos simpatizantes del Eje, el gobierno títere de Vichy promulgó en febrero de 1943 la ley conocida como de Servicio de Trabajo Obligatorio, destinado a los franceses no movilizados para que, obligatoriamente, se presentaran en las oficinas de inscripción para realizar trabajos en las industrías de guerra alemanas. 

Esta Ley del gobierno títere francés fue duramente contestada y protestada, provocando la huida de miles y miles de jóvenes a los bosques y montañas. Y, con ello, provocó el nacimiento del conocido como el maquís dando lugar a la configuración de campamentos rurales de guerrilleros dispuestos a unirse y fomar parte de la resitencia armada clandestina a consecuencia del Servicio de Tabajo Obligatorio. Y que vio cómo sus filas se incrementaban exponencialmente llegando a constituir ya una fuerza de choque militar de gran consideración. Especialmente por medio de los sabotajes.

Esta circunstancia hizo que el General De Gaulle, convertido en el verdadero representante de la Francia que luchaba y resistía y desplazado en Londres, encargara a un hombre de su confianza la reorganización y coordinación de la resistencia agrupada en torno a los guerrilleros de los maquisard: Jean Moulin.


El legendario héroe frances Jean Moulin se inició convirtiéndose pronto en el Prefecto más joven de la zona de la Loira. Pero fue ya durante la ocupación nazi de 1940 cuando dio muestras de su gran entereza, valentía y determinación, cuando los invasores trataron de que, como Prefecto, firmara bajo amenaza de tortura una declaración acusando a las tropas coloniales francesas del norte de África de crímenes de guerra, negándose a hacerlo. Lo que le supuso conocer por pimera vez la sofisticada tortura de los nazis y su primer gesto de determinación como respuesta, cosistente en un intento de quitarse la vida antes que ceder a las pretensiones nazis cortándose el cuello con una botella rota lo que casi le produjo la muerte.

Pudo salvarse no obstante pero le quedó una cicatriz en el cuello que disimulaba siempre con una bufanda u otros elementos colgados de su cuello. En 1941 huyó a Londres donde De Gaulle lo nombró jefe de la Resistencia e incluso representante suyo en el interior con el mandato expreso de unificar y coordinar todas las guerrillas que funcionaban por su cuenta a lo largo y ancho del país. Especialmente tras el Servicio de Trabajo Obligatorio, cuya imposición por la fuerza hizo incrementar las filas guerrilleras cada vez más nutridas y eficaces. Y así fue devuelto mediante un vuelo clandestino y lanzado en paracaídas en una zona secreta del centro de Francia. Así comenzó la leyenda.

CÓMO CAYÓ EL HOMBRE MÁS BUSCADO POR LA GESTAPO

Jean Moulin se convirtió pronto en el elemento catalizador y organizador de la guerrilla interior, y jefe representante de De Gaulle reconocido sin discusión por todos los integrantes. Logró sentar en una misma mesa a comunistas, socialistas, derechistas y gaulistas entorno al Consejo Nacional de la Resistencia. 

Se desplazaba por todo el territorio y se hacía llamar Max como nombre de guerra. Los alemanes pronto tuvieron noticias suyas aunque no conocían realmente quién era. Los sabotajes cada vez más repetidos y las incursiones armadas comenzaron a causar grandes bajas en las filas avanzadas alemanas. Si bien por cada atentado o sabotaje, la respuesta alemana era siempre brutal con represalias contra la población civil.

Iban a mantener una reunión ordinaria en la ciudad de Caluire, en la casa de un doctor. Se sospecha que fue objeto de una traición, pero lo cierto es que, hacia 15:00 horas, la Gestapo tomó por asalto la casa donde celebraban la reunión y fueron todos detenidos. Moulin se hacía pasar en esa ocasión como Jean Martel, pintor de Niza. Era 21 de junio de 1943.

EL CARNICERO DE LYON ENTRA EN ACCIÓN

En la zona este y con sede en Lyon, mandaba el oficial de la Gestapo Klaus Barbie, temido y conocido entre la población de la resistencia como "el carnicero de Lyon", por sus brutales y despiadados métodos de tortura.

Inmediatamente de la detención de los integrantes de la reunión en la ciudad próxima a Lyon, fueron llevados a las dependencias del cuartel general y en presencia del propio Klaus Barbie, ordenó que fueran torturados todos ellos con objeto de que delataran también la organización guerrillera completa. Pero, una vez más, la Gestapo fracasó por lo que se refiere a Jean Moulin, al que ni siquiera pudieron arrancarle la confesión de su propia identidad.

Fue pues torturado y golpeado pero no le fue arrancada una sola información, aunque la confesión de los demás detenidos en la redada consiguieron saber que se trataba de Jean Moulin. Lo que comunicaron a la Jefatura de la Gestapo en París, adonde lo llevaron para continuar la tortura. Tampoco les sirvió de gran cosa porque no le arrancaron ni una sola confesión. Por lo que decidieron el día siete de julio de 1943 enviarlo a Alemania en el misterioso tren del apartadero de Metz. En el tren, pues, iba el hombre más buscado por la Gestapo en Francia: Jean Moulin. Viajaba con uno de los jefes de la temida policía y dado su delicado estado de salud producto de las torturas a las que fue sometido, hicieron que fuera acompañado de un médico y una enfermera. Su destino era Berlín.

No obstante, al llegar a la estación de Metz, Jean Moulin dejó de existir. Su muerte se produjo según los certificados de defunción firmado por el médico alemán que lo acompañaba, por causa de un infarto y ocurrió hacia las dos de la madrugada del día 8 de julio de 1943. Es decir, apenas un par de horas antes de que llegara Josefa, su hermano y la expedición "U" a la misma estación procedentes de Troyes. 


Así aparece descrito con las fechas precisas en una gran placa conmemorativa que preside el vestíbulo principal de la imponente estación de Metz. El héroe nacional de la resistencia francesa, Jean Moulin, murió en la madrugada del 8 de julio de 1943. Justo el mismo día y en la misma madrugada, en que Josefa y su hermano llegaban también a la misma estación.

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