sábado, 22 de diciembre de 2018

LA IZQUIERDA OBSECUENTE (I)



¿QUO VADIS PSOE?

El de la izquierda, presidente del gobierno de España, piensa de su interlocutor según su propia declaración que es un racista y el Le Pen catalán. El otro, por su parte, piensa y tiene manifestado también que los españoles, y con ellos lógicamente su propio interlocutor, somos "unas bestias carroñeras, víboras, hienas con una tara en el ADN". Ambos tienen varias cosas en común pero sobre todo una: son presidentes sin haber ganado las elecciones, y el de España lo es, para más escarnio, porque los diputados del segundo lo han votado; lo sostienen ahí y por lo tanto les debe el cargo. Estos son los bueyes; este es el nivel y este el drama presente de nuestra democracia hoy: dos botarates jugando con las cosas de comer. Y uno de ellos, el presidente de España, obsequioso hasta el ridículo humillante con el racista al que le debe el cargo precisamente.   ¿Quo vadis PSOE?



Los ciudadanos y los poderes públicos estamos sujetos a la Constitución y al resto del ordenamiento jurídico. Y la Constitución Española garantiza también la interdicción de la arbitrariedad de los poderes públicos (artículo 9.1 y 3). Por otra parte, el 102.1 afirma, entre otras cosas, que las administraciones públicas están sometidas a la Ley y al Derecho. Estos dos artículos están íntimamente relacionados y constituyen nuestra garantía, la de la ciudadanía de a pie, más eficaz contra quienes, como gobernantes, pretendan atropellar nuestros derechos, derogar ilegalmente nuestras leyes, desbordar nuestras instituciones democráticas o socavar la paz y la convivencia, traicionando este mandato constitucional. Y, además, el primer obligado en defensa de esos valores y principios democráticos es precisamente el presidente del Gobierno, cuyo abandono o deserción deviene en responsabilidad criminal como prescribe precisamente el artículo 101. 

VIVA LA CONSTITUCIÓN

Si los políticos y militantes del PSOE, además de homenajear la Constitución 78 la conocieran bien; es decir, entendieran que una buena parte de su más avanzado contenido es fruto de la aportación noble y responsable de sus mejores cabezas políticas constituyentes y, desde luego, la respetaran y defendieran mejor de  lo que lo hacen de toda la patulea de debeladores parapetados en las instituciones para atacarla hasta su derribo (nacionalistas secesionistas), o emboscados (Podemos y otros ajustadores del cuentas compañeros de viaje), deberían de estar muy preocupados por la irresponsable y aventurera deriva de su jefe y actual secretario general sobre este crucial tema de cara a las próximas elecciones. 

Pero ciertamente más preocupados debemos estar los ciudadanos o cuando menos perplejos, por la babosa obsecuencia que el gobierno de España y por lo tanto de todos los españoles por él representados incluidos los catalanes, acaba de dispensar a quienes autodeclarados rebeldes fuera de la ley o prófugos, son distinguidos por un presidente que paradójicamente les debe su cargo y por lo tanto es más bien un rehén precisamente de quienes tratan de derribar el edificio constitucional, recurriendo si hace falta a las intolerables coacciones de sus camisas pardas preludio de futuros escamots, y de las que no se libran ni siquiera los jueces. Y cuya seguridad personal el Estado y su Gobierno no pueden garantizar en ese territorio tan del propio Estado como cualquier otro. 

Y lo más grave y dañino: que utilizan con descaro y sin cortapisa alguna las instituciones que gobiernan y el dinero de nuestros impuestos para atacar, desafiar, incumplir y derribar la propia Constitución. Desobedeciendo las decisiones de los Tribunales, los acuerdos del Congreso y, por supuesto, los propios del Gobierno. Se quitaron pues las caretas y mostraron su peor tradición: la deslealtad más absoluta e irresponsable pues para con la propia Constitución, las leyes democráticas que de ella emanan y sus instituciones, poniendo en peligro a ciudadanos leales que se ven acosados, vilipendiados y aerrojados en su vida cotidiana, bajo el miedo y con la inquietante sensación de que van a ser abandonados y vendidos a su suerte por quienes están obligados a defenderlos.

VOLVER A LAS ANDADAS

El actual secretario general del PSOE aprovechó bien la secuela victimista de su defenestración y, singularmente, el confuso agujero de las primarias (ese artefacto traído por los pelos de la política americana en unos partidos con otras tradiciones e instrumentos igualmente convalidados), para crear una nueva legitimidad al margen o por encima del de sus órganos tradicionales y de control (Congreso o Comité Federal) para, a lomos de una masa crítica de militantes sin mucha o incluso ninguna memoria histórica, escasamente informada del peligroso momento político que vivimos y con irresponsable desprecio a la enseñanza y sabiduría de sus mejores dirigentes mayores, lanzaron al liderazgo con el grito simplista de cortar el paso a la derecha, a un tipo que no solo había perdido estrepitosamente dos elecciones seguidas, sino que daba inquietantes muestras de empecinada ambición personal con disposición inquebrantable por alcanzar el poder a toda costa, aunque ello fuera, como ahora se constata por desgracia, a costa de poner en riesgo al propio Estado. Y ello por medio de inexplicables concesiones, cesiones y regalos a los secesionistas más envalentonados que nunca, porque ven su oportunidad con un gobierno débil que depende de ellos, entregado y dedicado más a usufructuar el poder que a ejercerlo, como abrazado a una farola, sin advertir que pasada su particular resaca su partido puede pagar un altísimo precio y, lo que es peor, nosotros, todos los demás, lo habremos hecho también a costa de nuestra seguridad y nuestra propia economía personal.

Quienes propiciaron en el PSOE la creación de una nueva legitimidad directa emanada de las "bases", en detrimento de sus tradicionales órganos de representación incluidos sus congresos, no solo contribuyeron a generar un conflicto de legitimidades que podían colisionar, sino a facilitar la vía de escape propicia para aventureros, demagogos y populistas, refrendados por la mitad de una militancia revanchista e ignara de la propia historia de su partido y mucho más de la de España en los últimos 218 años. 

Esta pavorosa evidencia perfectamente perceptible a poco que uno observe el simplismo ignorante de crispados agiotistas de las redes, sus mensajes en forma de consignas primarias contra la derecha mientras se muestran complacientes y obsequiosos con golpistas y deliberados delincuentes políticos, revela que una buena parte de la vieja tradición de lo peor de un partido clave en la bóveda del Estado democrático que tenemos, y al que le debemos buena parte de sus mejores aportaciones, puede volar por los aires por la miope ceguera histórica de una militancia tan embebida de revanchismo como de arrogante desprecio a sus mejores y más sabios representantes de un pasado reciente y brillante. A los que desprecian, ignoran e insultan incluso, como acto reflejo de la peor tradición de un pasado patético no exento de violencia y delincuencia que desprecian porque lo ignoran precisamente, y que ya creíamos superado. 

Han propiciado pues que llegue al poder con solo 84 diputados, un tipo al que lanzaron en su dia a la carrera política de la Comunidad de Madrid, para lo cual le prefabricaron un currículo con un doctorado alcanzado gracias a una falsa tesis que le plagió un amanuense agradecido, y defendida ante una tribunal ad hoc. Y, lo más inquietante, con el papo de un personaje sin escrúpulo de conciencia alguno al arrojar sobre su predecesor el ejemplo de ministros dimisionarios alemanes por plagiar tesis, a sabiendas de que la suya propia resulta ser un clamoroso ejemplo de una flagrante estafa académica.

Nuestra historia desde 1800 para acá solo ha tenido dos periodos de estabilidad: el de la restauración de Cánovas y el de la constitución del 78. El resto han sido un completo desastre. Pérdidas de las colonias, invasión del país por una potencia extranjera, cuatro guerras civiles, asesinatos de cinco presidentes de gobierno a manos de pistoleros anarquistas o terroristas, golpes y pronunciamientos militares, siete constituciones, algunas de ellas repuesta a golpe de pistola, dos intentos fallidos de república con una de ellas que casi acaba con el Estado a manos del cantonalismo, y largas dictaduras blandas y duras. Hemos tenido de todo. 

Esta historia nuestra contemporánea tan desastrosa como desgraciada, ya no se enseña en las aulas escolares a los niños porque ha sido sustituida por adaptaciones míticas locales, o sesgadas mixtificaciones provincianas cuando no simples falsificaciones. Hay desde hace tiempo verdaderas generaciones con un pavoroso desconocimiento de nuestra historia común más contemporánea, y por ello con desconocimiento también de sus lecciones más necesarias para el presente para no repetir los mismos errores que ya padecimos durante siglos. 

En no menos ignorancia de su propio historia de partido, con sus luces y sus sombras, viven también numerosos cuadros y conmilitones socialistas. En parte por la propia indolencia de sus dirigentes más inmediatos salidos del congreso de Suresnes (1974) para acá, que no han propiciado una historiografía crítica sino más bien hagiográfica, más allá de algunos honestos intentos como el de los hermanos Martínez Cobo en los ochenta para explicar el origen de las nefastas divisiones socialistas durante la segunda república y el largo exilio después. Poco más. 

El resultado es que vivimos en esta encrucijada en que unos y otros nos han metido de hoz y de coz, con la inevitable fatalidad de no haber aprendido de nuestros errores desgraciados y contra los que la Constitución Española de 1978 fue y es un inteligente y generoso conjuro porque nació de ese consenso básico de todos que ahora algunos intentan dinamitar una vez más en nuestra historia reciente. El problema es pues que algunos pretenden hacerla saltar por los aires, romper la convivencia y adentrarnos de nuevo en lo peor y más tenebroso de nuestra tradición: de nuevo las luchas políticas cruentas, el enfrentamiento esterilizante y suicida, y una acción política disolvente monopolizada y en manos de irresponsables agitadores, con un pueblo y unos electores entre cómplices y condescendientes porque viven en la estúpida creencia de que el estado de derecho o la propia democracia no están en peligro porque se defienden solos. Craso error si supieran algo de esa historia que le han birlado desde hace varias generaciones unos politicuchos aldeanos de tres al cuarto y que el Estado no ha sabido ni podido corregir, y que ahora al parecer se proponen premiar sin embargo. El problema pues es inquietamente el contrario: la constatación de que hemos vuelto a las andadas. 

Y la primera y más urgente de las necesidades es la de saber si en el PSOE, partido clave de la bóveda constitucional, hay elementos dispuestos a hacer corregir el peligroso e irresponsable rumbo de su secretario general y escuchar, sobre este trascendental tema de Cataluña, no solo a su extravagante apéndice autónomo allí, el PSC, sino a otras gentes y sobre todo a su electorado más crítico y menos dócil y complaciente. Porque desde luego nos jugamos mucho más que su frívola aspiración a mantener unos meses más su culo en el Falcon. Nos jugamos convertirnos en los balcanes del sur visto que los nacionalistas secesionistas han roto las reglas de juego, y que desgraciadamente en el partido del gobierno callan como muertos lo que no pocos cuadros y votantes piensan con inquietud a poco que se les interpele en privado o en la sosegada charla de una confidencia. ¿Quo vadis PSOE?

(continuará)

DEMOCRACIA E IMPUNIDAD

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